Los Nixon de las jóvenes democracias:

La libertad de prensa en Europa en el siglo XX

- Por Jaroslav Veis - _

 

 

Al examinar retrospectivamente el siglo XX, no se puede menos que constatar que en muchas regiones del mundo, incluyendo Europa, no se ha disfrutado muy plenamente de una verdadera democracia y libertad de prensa. En algunos países, y en particular en Rusia, apenas se han rozado fugazmente estas libertades. En otros, incluyendo los de Europa Central, la sociedad ha conocido una libertad relativa tan sólo en la primera y en la última década del siglo.

Cuando nos referimos a la prensa como un "perro guardián" de la democracia, no debemos olvidar que una prensa libre está a su vez determinada por la democracia circundante. Sólo en el seno de una sociedad abierta y auténticamente democrática puede la prensa cumplir su función de perro guardián, y sobrevivir como tal. Pero la relación que existe entre la democracia y una prensa libre es más fuerte que la que une perro y amo: se trata de una simbiosis de la cual dependen ambas para subsistir. Si el equilibrio se rompe, y la sociedad impide el desarrollo de la libertad de prensa, comienza a producirse un proceso de mutación de esa sociedad por el cual se termina convirtiendo en un parásito.

Los "perros guardianes" en Europa

Para quienes han vivido bajo regímenes totalitarios, la prensa era apenas más que un parásito. Los diarios clandestinos, conocidos como los "samizdat" (que proviene de una expresión coloquial rusa que significa autoeditados), no cosechaban, en los primeros tiempos de difusión limitada, otros beneficios que los de ser una prensa libre, mientras que los periodistas que colaboraban en ellos corrían el peligro constante de verse encarcelados.

Con la tecnología moderna, los samizdat se refinaron y se comprimieron, con lo cual se simplificaron las operaciones de producción y de distribución. Resultaba mucho más difícil controlar los miles de pequeñas fotocopiadoras que se usaban para reimprimir los samizdats originales mecanografiados que las viejas y pesadas máquinas reprográficas. Tras la caída del comunismo, los disidentes bromeaban diciendo que Xerox había sido uno de los agitadores más heroicos.

Esta prensa clandestina se ha convertido en mucho más que un simple perro guardián. Son estas publicaciones las que han atacado de frente y debilitado a los regímenes opresivos. Las autoridades totalitarias temían quizás más estas páginas no censuradas que a las multitudes de ciudadanos insatisfechos en las calles.

Una vez caído el Muro de Berlín, la prensa oficial tardó en convertirse en ese proverbial "perro guardián". Las elecciones libres, el relajamiento de la censura, la legalización de las publicaciones clandestinas no bastaron para metamorfosear la prensa oficial, repentinamente cercenada del gobierno del que había sido durante tanto tiempo tributaria.

Las democracias jóvenes difieren de las democracias maduras, y tienen aún que establecer la corriente entre la política, los medios, y la gente. El papel de la prensa libre consiste en investigar y difundir información, pero esta información no desencadena necesaria y automáticamente el restablecimiento de una sociedad. Quienes han vivido oprimidos por un régimen totalitario se contentan con enterarse de los hechos, sintiéndose escépticos con respecto a su propio poder de acción y de presión sobre los políticos para que reaccionen como deben. Y es raro que los Richard Nixon presenten su renuncia en las democracias jóvenes, aún cuando una y otra vez se los encuentre culpables de fechorías.

El cuento de Hans Christian Anderson, "La nueva vestimenta del Emperador", contiene una parábola que se aplica bien a la prensa libre en los países poscomunistas. Un espectador atolondrado exclama la verdad, pero la muchedumbre se encoge de hombros: "Sí, está desnudo. ¿Y qué? Es posible o no que se dé cuenta. Pero de todos modos, no tenemos por qué condenarlo nosotros." No es que yo desconfíe del desarrollo actual; sólo espero que esa democracia naciente sea alimentada y educada debidamente para crecer y fortalecerse.

Encuentro entre una democracia joven y una madura

En 1989, la Primera Enmienda de la Constitución norteamericana nos parecía el camino hacia una prensa libre en un sistema abarrotado durante tantos años de libertades civiles envilecedoras. Pero no tardamos en darnos cuenta que estábamos tratando de alcanzar algo que se encontraba aún demasiado lejos. Era imposible pretender trasplantar la Primera Enmienda a un sistema legal con instrumentos tan radicalmente diferentes.

La Primer Enmienda estipula que ninguna entidad, ya sea estado, gobierno o incluso parlamento, puede restringir la libertad de prensa. Lo que declaran las constituciones en las democracias jóvenes, en cambio, es que el estado, el gobierno y el parlamento deben garantizar la libertad de prensa. Existe una diferencia sutil, pero profundamente constitucional, entre los dos enunciados.

Los reporteros norteamericanos que visitaban Praga en primavera de 1990 no podían comprender a Jiri Ruml, la figura legendaria de los samizdat checos y director del diario Lidove Noviny, cuando intentaba explicar por qué deseaba abandonar su actividad periodística y presentarse como miembro del parlamento, para, usando sus propias palabras, "ejercer una verdadera actividad política". Ninguno de esos periodistas pudieron hacerle entender que, en el marco político norteamericano, el director de uno de los diarios más serios y más leídos del país podía defender mejor el interés público que cualquier miembro del parlamento. Y yo, a mi vez, tuve grandes dificultades en explicar a los americanos que para nuestros lectores, tras medio siglo de opresiones orwelianas, pesaban más las opiniones que las noticias y los análisis.

Un año más tarde, en 1991, traté de convencer a mis colegas en la oficina de que la difusión de información precisa y objetiva creaba una base para que los lectores se formaran su propia opinión. A mi parecer, relatar los hechos tal como son es la esencia del buen periodismo: hay que distinguir entre noticias y opiniones. Pero eso va contra nuestras tradiciones más arraigadas, respondieron mis colegas. Nuestros lectores quieren saber cómo interpretamos los hechos: es lo que se espera de nosotros.

Ahora, en la cultura de medios mixtos en la que vivimos, existe una creciente preocupación de que la "verificación" esté siendo reemplazada por la "suposición". Los canales informativos que transmiten 24 horas al día se pasan más tiempo comentando que recabando la información. Todo esto me resulta familiar. No es que sea escéptico en cuanto al desarrollo de la prensa en Europa, pero he aprendido durante los años de transición que una prensa libre no puede desarrollarse ni sobrevivir sin un periodismo responsable y de calidad. Este país tiene que encontrar el punto intermedio entre lo que ofrece una democracia joven y una madura.

El "perro" amordazado

Parece en Europa que incluso los políticos "democráticos" en países poscomunistas consideran la prensa como un adversario y tratan de amordazar al perro guardián. Los bozales que usan son de índole diversa. Tomemos el caso de Radio Free Europe/Radio Liberty cuando el presidente checo Vaclav Havel la invitó a trasladarse desde Munich a Praga. Esta invitación surgió no sólo porque la organización podía funcionar mejor desde Praga; era una manera de expresar agradecimiento por la ayuda que RFE/RL brindó en el derrumbamiento del imperio soviético.

Poco después del traslado, RFE/RL empezó a emitir programas en persa destinados a Irán e Irak. Esto, por supuesto, no resultó del agrado de Saddam Hussein y el gobierno iraquí amenazó con dejar impagas las deudas con el estado checo e imponer un embargo sistemático a todas las compañías checas si el gobierno no clausuraba la estación de radio.

Esta actitud era de esperar; más inesperada fue la reacción de algunos de los políticos checos, quienes se olvidaron de lo que se debía a RFE/RL cuando se trató de echar abajo el comunismo, y pidieron que se pusiera fin a los programas conflictivos. ¡Uno de los ministros llegó incluso a sugerir que la República Checa solicitara a los Estados Unidos y a otros países occidentales que reembolsaran cualquier tipo de daños sufridos y hasta el lucro cesante que el conflicto de intereses hubiera podido provocar!

La guerra en Chechenia constituye una de las pruebas más contundentes de la fragilidad de las relaciones entre una prensa libre y el estado. La prensa rusa, que se mostró muy crítica ante el gobierno durante la primera campaña chechena en 1995-96, se volvió ahora completamente dócil. Si bien es cierto que esta guerra fue precedida por atentados terroristas, posiblemente organizados por los rebeldes en suelo ruso, no basta para explicar por qué la prensa rusa, que tanto se jacta de su independencia, habría de abandonar toda postura crítica.

Si los periodistas en los campos de batalla de Vietnam hace treinta años hubieran apoyado ciegamente a su gobierno, es probable que la guerra habría durado mucho tiempo más y causado la muerte de un número mucho mayor de inocentes, tal como ocurre hoy en día en Chechenia. Pero hay actualmente apenas un puñado de periodistas extranjeros en Chechenia que da una visión informativa objetiva de ambos campos adoptando, al mismo tiempo, una postura crítica. Cabe recalcar que una diminuta pero muy activa agencia de prensa checa, Epicentrum, se cuenta entre éstos.

El caso del reportero de Radio Liberty, Andrej Babitskij, es espeluznante. Después de ser arrestado por el ejército ruso y acusado de colaboración con la guerrilla chechena, fue luego entregado a los chechenes a cambio de tres soldados rusos. Su único "delito" fue el de informar. Este "comercio" con un reportero, quien cumplía con su misión de informar sobre una guerra para una organización de prensa internacional, y para colmo para los propios soldados, constituye un atentado alevoso contra todos los principios de la libertad de prensa y una burla de todos los discursos grandilocuentes de los políticos rusos en torno a esta supuesta libertad. Al comerciar con la vida de un periodista, las autoridades rusas declararon una guerra abierta contra la prensa independiente.

El caso de Andrej Babitskij es una prueba más de que los gobiernos en Europa seguirán tratando de amordazar al "perro guardián", y de desafiar a los periodistas a través del mundo entero.

Jaroslav Veis es periodista, traductor y escritor. Hasta 1989, se dedicó a escribir sobre ciencia y ciencia ficción; entre 1990 y 1994, colaboró como columnista político con el diario Lidové Noviny. Trabaja actualmente como columnista independiente para diversas publicaciones y para la radio pública checa.

Dibujante : Michel Cambon