James D. Wolfensohn fue nombrado noveno presidente del Grupo del Banco Mundial en 1995. Antes de ocupar este cargo, Wolfensohn se estableció profesionalmente como banquero en el sector de las inversiones internacionales con una actividad paralela en asuntos relativos al desarrollo y al medio ambiente mundial. Al año de haberse incorporado al banco, Wolfensohn lanzó la iniciativa para los Países Pobres Muy Endeudados (PPME), el primer programa exhaustivo de reducción de deudas destinado a resolver los problemas de los países más pobres y más endeudados del mundo. Unos años más tarde, introdujo también el Comprehensive Development Framework (CDF o marco de desarrollo integrado), utilizado actualmente por casi 50 países de ingresos bajos en el mundo. En 1999, fue reelegido presidente durante un segundo quinquenio que dio comienzo el 1° de junio del 2000. Wolfensohn nació en Australia en diciembre de 1933, se diplomó en la Universidad de Sydney, y tiene un MBA de la Escuela Empresarial de Harvard. Reside en Washington con su esposa.

La libertad de prensa ayuda a combatir la pobreza

Artículo por Jim Wolfensohn, el presidente del Banco Mundial

La libertad de prensa ayuda a combatir la pobreza

Los estudios comprueban que la libertad de prensa significa menos corrupción. Esta libertad ejerce además una influencia positiva en los ingresos, en la mortalidad infantil y en la alfabetización entre los adultos, según James D. Wolfensohn, Presidente del Grupo del Banco Mundial.

Al celebrar el 3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa, este año en torno al tema “La prensa libre nos beneficia”, se nos brinda una excelente oportunidad de reflexionar sobre el efecto catalítico que producen los medios informativos abiertos y libres en el desarrollo económico, y particularmente en la lucha contra la pobreza mundial.

Sabemos a través de Freedom House que de una población planetaria de seis mil millones de personas, sólo 1,2 mil millones viven en países con acceso a una prensa libre, 2,4 mil millones tienen acceso a una prensa parcialmente libre, y otros tantos viven privados de libertad de prensa. En otras palabras, alrededor del 80 % de la población carece de acceso a una prensa completamente libre. Llama la atención que la mayoría de esas personas sean habitantes de países en desarrollo.

Estos desequilibrios en la libertad de prensa son síntomas de desigualdades más profundas entre los países ricos y pobres.

 
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Entre estas desigualdades, cabe recordar las más importantes: mil millones de personas, la sexta parte de la población mundial, posee el 80 % de la riqueza mundial, mientras que otros tantos tienen que subsistir con un dólar diario. Dos mil millones de individuos carecen de acceso a agua potable, 150 millones de niños no llegan nunca a escolarizarse, y más de 40 millones de habitantes en los países en desarrollo son seropositivos, con escasas chances de recibir tratamiento médico contra esta enfermedad siniestra.

¿Cuál es el vínculo, pues, entre la libertad de prensa y la pobreza económica? La respuesta radica en gran parte en la corrupción, y en la lucha contra ella. En los estudios realizados por el Banco Mundial, por ejemplo, se constata que cuanta más libertad de prensa haya en un país, más control se ejerce sobre la corrupción y, por consiguiente, más se concentran los recursos, de por sí escasos, en cuestiones de desarrollo prioritarias.

Una prensa libre cumple la función no sólo de medio de expresión, sino también de base de responsabilización, de vehículo de participación cívica, y de mecanismo de vigilancia de la corrupción oficial. Una prensa libre contribuye además a la creación de instituciones más fuertes y eficaces.

Al fomentar la transparencia y la responsabilización en el ámbito tanto público como privado, los medios informativos en los países pobres se están reconociendo cada vez más como un “bien de desarrollo” capaz de contribuir a una mayor responsabilización de parte del gobierno y a una utilización mas efectiva de recursos.

Pero una prensa libre no sólo comporta ventajas en cuanto a la lucha contra la corrupción. También posee la virtud de poder complementar la educación escolar tradicional (por ejemplo, con lecciones de matemáticas en la radio), reforzar las iniciativas en materia de salud pública (campañas de educación en torno al VIH y al sida), y apoyar cambios institucionales y el desarrollo del mercado (mediante la difusión de información oportuna y pertinente). Más aún, existe una fuerte correlación positiva entre una mayor capacidad de expresión y responsabilización, y mejoras en cuanto a los ingresos, a la mortalidad infantil, y a la alfabetización.

Es por ello que debemos seguir luchando por la libertad de prensa, y aún queda mucho por hacer. En numerosos países, particularmente en economías en transición y en desarrollo, la independencia de los medios informativos puede llegar a ser frágil, e incluso verse coartada.

Las políticas de disponibilidad y difusión de la información, junto con otras reglamentaciones legales que promueven una cultura de apertura, transparencia y responsabilización, constituyen un factor clave. En última instancia, ayudan a fomentar la buena gobernancia y un crecimiento equitativo.

El Banco Mundial contribuye a realizar este esfuerzo. A través del Instituto del Banco Mundial, nuestra sección pedagógica, hemos organizado programas de capacitación para más de 3.000 periodistas. Estos programas incluyen cursos especializados sobre periodismo económico, salud y medio ambiente. Casi todos los programas se imparten mediante tecnologías de aprendizaje a distancia, tales como la videoconferencia, la televisión interactiva e Internet para ampliar su alcance a participantes en más de 50 países.

Al encarar cuestiones críticas de salud como la del VIH y del sida, hemos incitado a los periodistas a buscar nuevas maneras de tratar esta pandemia en sus respectivos países. Y los cursos de periodismo investigativo les permiten abordar el problema de la corrupción desde una perspectiva profesional.

Ya no queda ninguna duda de que los medios informativos contribuyen de manera inestimable a estimular el progreso económico, a combatir la corrupción, a resolver las grandes disparidades entre los ricos y los pobres, y a la larga, a reducir la pobreza mundial.

Asegurémonos pues de que la libertad de prensa nos siga beneficiando a todos, y particularmente a los miles de millones de personas que más la necesitan.

James D. Wolfensohn escribió este artículo exclusivo para el 3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa, a instancias de la Asociación Mundial de Periódicos (WAN).

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