La cámara de un fotógrafo herido en el Palestine Hotel en Bagdad tras el bombardeo de tropas norteamericanas. El ataque dejó un saldo de dos periodistas muertos y tres heridos.

Matar a un periodista entrometido: ¿por qué no? No comporta ningún riesgo

Rodney Pinder es director del International News Safety Institute y ex Redactor Intenacional en Reuters Television. Trabajó como corresponsal internacional y como ejecutivo periodístico durante 35 años, en los cuales viajó desde Irlanda del Norte hasta África del Sur, pasando por Medio Oriente y el Golfo realizando reportajes sobre los diversos conflictos. Escribió este artículo para la Asociación Mundial de Periódicos.

El número de asesinatos de periodistas y de colaboradores indispensables para la transmisión de la información está escalando vertiginosamente a través del mundo. El año pasado fue el más sanguinario en por lo menos una década.

En lo que va de este año, el International News Safety Institute ha registrado ya la muerte de 19 profesionales de los medios informativos en 11 países, todos habiendo sido asesinados con dos excepciónes. Ningún culpable ha sido procesado.

En muchas regiones del globo, a través de numerosos países, el asesinato es un medio relativamente económico, seguro y sencillo de censurar a la prensa. Se silencia a un periodista indagador y sus amigos y colegas quedan aterrorizados. Y esto no hará más que empeorarse mientras los culpables sigan protegidos por una cultura de impunidad. Al no castigar a los asesinos, los gobiernos fomentan el asesinato.

En el Día Mundial de la Libertad de Prensa de 2003, el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) calculó que en 94 % de los casos de periodistas asesinados en los últimos diez años, los culpables habían actuado con total impunidad. En muchos países, matar a un periodista es dos veces menos arriesgado que robar una casa en Londres. Y no olvidemos que Scotland Yard es criticado diariamente en la prensa británica por su ineficacia notoria en la lucha contra la delincuencia. Hay pocas señales de mejora en esta situación deplorable, pese a los pedidos repetidos por parte de la UNESCO y de grupos de apoyo a periodistas tales como la Asociación Mundial de Periódicos (WAN), la Federación Internacional de Periodistas (IFJ), el Instituto Internacional de Prensa (IPI), el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), Reporteros Sin Fronteras y otros más.

El problema de la impunidad llevó a la UNESCO a elaborar una resolución, adoptada por los estados miembros en 1997. En ella, se incitaba a los gobiernos a rever las leyes para que fuera posible enjuiciar a quienes organizaban el asesinato de personas que ejercían su derecho a la libertad de expresión, pidiendo que se tomen las disposiciones legales para que “los responsables de los delitos contra periodistas en ejercicio de sus funciones profesionales y contra los medios sean juzgados por tribunales de derecho común u ordinarios”.

Lamentablemente, en el año 2003, el Director General de la UNESCO, Koichiro Matsuura, se vio obligado a volver a abordar el tema de la impunidad como eje central de la celebración del Día Mundial de la Libertad de Prensa.

“Por consiguiente, hago un llamamiento a que todos los gobiernos, en todos los niveles, asuman la responsabilidad que les corresponde velando para que los delitos cometidos contra los periodistas no queden sin castigo”, declaró Matsuura. “Es esencial que todas las violaciones se investiguen detenidamente, que todos sus autores sean procesados y que todos los sistemas judiciales y procedimientos sean capaces de condenar a quienes resulten culpables.

“Poner término a la impunidad es una forma de satisfacer nuestro afán de justicia; además, contribuirá en primer lugar a evitar en buena medida que se produzcan esas violaciones”. Por lo visto, fue una pérdida de tiempo y de energía para el Director de la UNESCO. Una vez más. En lo que va del año, ya han ocurrido numerosos asesinatos:
-  Colombia: el popular periodista radiofónico Julio Palacio muere abatido por unos asesinos en motocicleta
-  Pakistán: unos hombres armados abren fuego contra un pequeño autobús lleno de periodistas que regresaban de una misión, matando a Allah Noor y a Mir Nawab
-  Somalia: un francotirador asesina a la productora de la BBC Kate Peyton poco después de su llegada a Mogadishu
-  Bangladesh: Sheikh Belaluddin, corresponsal del cotidiano Sangram, muere de un infarto tras el bombardeo de un club de prensa
-  Filipinas: el cuerpo del columnista Arnulfo Villanueva, quien había estado investigando asuntos de corrupción y de juegos ilícitos, es hallado acribillado a balazos
-  Azerbaiján: Elmar Huseinov, un encarnizado crítico del gobierno y jefe de redacción de una revista de oposición, recibe siete balazos. Sin hablar de Irak, donde más sangre de periodistas ha sido derramada en los últimos tiempos.

El INSI ha registrado allí el asesinato de 68 periodistas y otros profesionales de los medios informativos desde que se inició el conflicto hace dos años. Cuatro de ellos perdieron la vida este año. La mayoría fueron iraquíes que cosecharon los primeros frutos de la “libertad” de prensa que siguió a la dictadura de Saddam; los otros eran nativos de 15 países diferentes.

Hasta el día de hoy, ni un solo responsable de esas muertes ha sido procesado. En los últimos meses, la IFJ, la WAN, el IPI y el CPJ han reiterado fuertemente su condena a esta cultura de impunidad cada vez más extendida, mostrando un repudio colectivo que pone de relieve la cólera y la frustración de dichas organizaciones.

La IFJ reclamó una acción más concertada por parte de los grupos políticos y de la sociedad civil. “Muchos gobiernos muestran una indiferencia cruel y despiadada ante el sufrimiento de las víctimas y de sus familias”, declaró el Secretario General Aidan White. “Suelen pronunciar unas breves y banales palabras de condolencia, efectúan una investigación expeditiva y luego se encogen de hombros”.

La Directora Ejecutiva del CPJ, Ann Cooper, condenó los asesinatos impunes de periodistas en 2004, calificándolos de “vergonzosos y debilitantes”. “Los gobiernos tienen la obligación de perseguir y de enjuiciar a los culpables. Al no hacerlo, dejan que los criminales establezcan los límites de la información que los ciudadanos reciben y leen”, añadió Cooper.

Al lanzar la campaña llamada “Impunidad: los asesinos andan sueltos”, el Director General de la WAN, Timothy Balding, dijo: “Pedimos a todos los gobiernos que desplieguen más determinación para encontrar y procesar a los asesinos.” Según el IPI, hay una característica común en los asesinatos de periodistas en países tan diferentes como Bangladesh, Bielorrusia, Haití, Gambia, México, las Filipinas, Ucrania y muchos más.

“Este vínculo vergonzoso que tienen en común es la ausencia de una investigación debida por parte de las autoridades y de un procesamiento de los asesinos”, declaró el Director Johann Fritz.

¿Qué pueden hacer los periodistas más que protestar y, aparentemente, seguir padeciendo mientras se esfuerzan por echar luz en los rincones oscuros de la sociedad?

Pueden difundir información cada vez que se produce una agresión y, sobre todo, mantener la presión hasta que se obtengan resultados. En este sentido, las organizaciones mundiales de prensa pueden ayudar a las entidades locales que poseen menos recursos y se exponen a mayores riesgos.

Con escasas excepciones, las grandes empresas de comunicación suelen prestar atención solamente cuando se trata de periodistas internacionales, mientras que su gran mayoría, las víctimas son periodistas locales que trabajan en sus países natales.

Los grupos de prensa y los periodistas pueden investigar y difundir información - y no cejar hasta no llegar a una resolución.

Fue así como, en 2003, una coalición única de organizaciones de prensa y de grupos de apoyo a periodistas formó el International News Safety Institute. La iniciativa surgió de la conciencia de que los periodistas deben actuar para protegerse: nadie lo hará en su lugar. Desde entonces, el INSI ha procurado encarar la cuestión de la impunidad práctica y concretamente.

Además de impartir consignas de seguridad a los periodistas más expuestos para que sepan protegerse solos, el INSI ha iniciado discusiones con importantes autoridades militares para mejorar las medidas de protección de periodistas en los campos de batalla. Entre otras cosas, el INSI exige que las autoridades se comprometan a llevar a cabo investigaciones minuciosas y exhaustivas cuando un corresponsal de guerra es abatido por soldados. El INSI ha lanzado también un estudio global para identificar las causas del incremento en el número de muertes de periodistas.

Se ha encargado a un Comité de Investigación, compuesto por organizaciones de prensa, expertos jurídicos, periodistas, grupos de apoyo y entidades humanitarias, la tarea de recabar y poner en orden datos para la elaboración de un informe y de recomendaciones destinadas a resolver esta situación.

Recordemos lo que el Director General de la UNESCO dijo hace dos años: “La deuda que contraemos colectivamente cuando los periodistas sufren en nuestro nombre debe ser reparada de manera eficaz.

“Y cuando menos, hemos de declarar la guerra a la impunidad”.

 

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