El asesinato del periodista ucraniano Georgyj Gongadze en el 2000, y las pistas periodísticas que luego condujeron hasta las autoridades máximas del gobierno, desencadenaron protestas generalizadas en todo el país, desestabilizando el control del presidente Kuchma sobre el poder. El nuevo gobierno ucraniano se ha comprometido a llevar a cabo pesquisas para resolver el asesinato.

El asesinato que estremeció a una nación

Olena Prytula es jefa de redacción del diario en línea Ukrayinska Pravda, que lanzó junto con Georgyj Gongadze en el año 2000. Olena escribió este artículo para la Asociación Mundial de Periódicos.

El periodista ucraniano Georgyj Gongadze tenía apenas 31 años cuando fue asesinado. Fue visto por última vez el 16 de septiembre del año 2000. Su cuerpo fue hallado dos meses después, decapitado y en estado de descomposición parcial.

Unos meses más tarde, los ucranianos escucharon la grabación clandestina de una voz muy similar a la del presidente Kuchma que incitaba al ministro de asuntos interiores a deshacerse del periodista Gongadze: “entréguenlo a los chechenos y que se arregle con ellos”. Las conversaciones en la oficina de Kuchma fueron grabadas por un antiguo miembro del personal de seguridad. Aparte de indicar una posible implicación oficial en el asesinato, estas grabaciones constituyeron una confirmación de la corrupción y de otros delitos.

Escandalizados por el asesinato, los ucranianos lanzaron protestas en los años 2000-2001 bajo la divisa “Ucrania sin Kuchma”. Esto marcó el comienzo de la “revolución naranja” que triunfó en 2004, cuando millones de personas salieron a la calle.

En estas manifestaciones, se podían ver carteles de protesta con el retrato de Georgyj, preguntando quién lo había asesinado. Han transcurrido desde entonces 4 años y medio. Y la pregunta sigue sin respuesta.

No fue fácil para Georgyj encontrar empleo en la Ucrania de fines de los años 90, razón por la cual decidió crear su propio diario en internet.

Lo bautizó “Ukrainskaya Pravda” (Verdad ucraniana), un nombre al estilo antiguo con reminiscencias del pasado soviético pero bajo una forma completamente nueva: virtual. Los colores predominantes en la primera plana eran el negro, el gris y el rojo. Esa era la visión que tenía Georgyj de su país en ese momento: con miras hacia el futuro pero arrastrando aún el fardo del pasado.

Aunque al principio no mucha gente leía “Ukrainskaya Pravda”, sí lo hacían todas las personas que el diario criticaba. Como se descubrió más adelante, el propio presidente de Ucrania era uno de los lectores. Para desgracia de Georgyj Gongadze.

Los expertos creen que si desde el inicio se hubiera llevado a cabo una investigación rigurosa, los autores del asesinato hubieran sido enjuiciados hace ya mucho tiempo. Pero durante todos estos años, las autoridades frenaron las investigaciones y trataron de ocultar su conducta delictiva. Se destruyeron informes de seguridad y un testigo que podría haber echado luz sobre el asesinato murió misteriosamente en prisión.

Al principio, las autoridades negaron categóricamente la posibilidad de que se hubieran grabado conversaciones en la oficina del presidente. Luego declararon que la cintas donde Kuchma menciona a Gongadze fueron falsificadas.

Los asociados de Kuchma hicieron lo posible para encubrir el caso. Tenían miedo de lo que fuera a revelarse. Pero los colegas y amigos de Georgyj en Ucrania y en el extranjero siguieron hablando de él y aunaron sus esfuerzos para saber la verdad y lograr que los asesinos fueran ajusticiados.

Gracias a la atención que le dedicaron al caso el Sindicato Nacional de Periodistas en el Reino Unido e Irlanda, Reporteros Sin Fronteras, la Federación Internacional de Periodistas, y el Comité para la Protección de los Periodistas, cada vez que un dirigente extranjero se entrevistaba con el presidente Kuchma, sentía el deber de recordarle la importancia de llevar a cabo una investigación transparente sobre el asesinato de Gongadze.

A raíz de esto, las autoridades ucranianas tuvieron que hacer simulacros de investigación. En numerosas ocasiones, los representantes de la ley declararon haber dado con los asesinos de Georgyj. Entre ellos, había drogadictos, el ciudadano desconocido “K” y una banda de ex milicianos.

Bajo el gobierno de Kuchma, había escasas esperanzas de que se investigara debidamente el caso. Hoy en día, con la llegada al poder de un nuevo gobierno, no sólo renace la esperanza, sino que existe la convicción de que se procesará a los culpables.

Tan sólo un mes después de que los nuevos ministros asumieran el poder, el presidente Yushenko anunció la detención de los asesinos de Georgyj. Según se informa, están siendo interrogados y otro sospechoso se encuentra bajo investigación. Todos ellos son ex oficiales de la milicia que se hallaban en actividad en el momento de producirse el asesinato.

En marzo de 2005, el antiguo ministro de asuntos interiores se suicidó. Se trataba del mismo hombre con quien Kuchma habló de Gongadze. Y muy posiblemente quien impartiera la orden de matarlo a sus subalternos. En todo caso, ya no podrá contarlo personalmente. Hay dudas en cuanto a que su muerte haya sido voluntaria: es poco frecuente que alguien se mate disparándose dos balazos. A pesar de la insistencia de los investigadores, subsisten múltiples dudas e interrogantes en torno a este presunto suicidio.

Pero hay algo concreto: los investigadores actuales están preparando un juicio contra quienes han confesado ser culpables del asesinato. Por consiguiente, existe una gran probabilidad de que los ejecutantes de la orden sean castigados.

¿Pero qué pasará con los instigadores y organizadores del asesinato?

Es cierto que uno de los presuntos instigadores del crimen no pidió que se matara a Georgyj de manera directa. Pero los jefes mafiosos nunca dicen estas cosas explícitamente. Es frecuente que pronuncien frases de tipo: “Esta persona me tiene harto” o “Este periodista insolente me saca de quicio”. En estas situaciones, los subalternos entienden perfectamente el mensaje implícito en estos comentarios y no necesitan que se lo repitan.

Las autoridades anteriores disponían de todos los medios necesarios para llevar a cabo una investigación transparente y descubrir la identidad de los asesinos. El ex presidente Kuchma declaró ser el primero en querer resolver el caso de Gongadze. Pero fueron simples declaraciones. Sus acciones no corroboraron sus palabras.

Georgyj Gongadze dejó detrás a dos hijas maravillosas que conocerán a su padre sólo a través de las historias que les contarán su madre y su abuela y de las numerosas películas sobre su misteriosa muerte. Muchos de quienes se unieron a las manifestaciones de protesta lo hicieron porque sabían que si no hacían lo imposible para que la verdad saliera a la luz, nunca más podrían mirar de frente a las hijas de Georgyj.

La verdad debe ser revelada no sólo para sus hijas. Es necesario para proteger la salud del país entero. Para que el futuro sea viable, la justicia y el castigo inexorable de los culpables, cualquiera sea su cargo oficial, deben convertirse en realidad.

 

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